13 Hermanos



© José Manuel Alfaro

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[Datos para una crónica:
Los padres, Gregorio y Juliana, tuvieron seis hijos que crecieron en Covarrubias, 
también llamada Cuna de Castilla; pequeña villa de la Comarca de Arlanza (Burgos, España), asentada junto al río del mismo nombre, en un valle protegido de los vientos del Norte, 
dando origen a un microclima propicio para el cultivo de cerezos, nogales y vid; 
cuenta con una población de 627 habitantes (según el padrón municipal de 2011). 
Allí vivieron los seis hijos del matrimonio: Eugenio, Justa y Miguel, 
ya fallecidos, y Honorata, Braulio y Esteban, 
que continúan trabajando la huerta y las viñas; haciendo vino y criando corderos. 
En agosto de 2012 fallece Eugenio, el hermano mayor. 
Al día siguiente, en la bodega de la casa, José Manuel Alfaro toma esta fotografía 
en la que aparecen Esteban (izquierda) y Braulio (derecha)].




Esteban y Braulio son hermanos. Se parecen como dos gotas de agua, y es que donde son iguales es por dentro.

Se han pasado la vida junto a Eugenio, el hermano mayor, y Honorata, la pequeña; los cuatro saben de la madrugada y de las noches al raso, pastoreando las ovejas de la casa. Conocen el monte como las palmas de sus manos, que se han ido asilvestrando como el brezo que tapiza las laderas donde a veces aún juegan con corderos blanquísimos que corretean en sus sueños. Y en sus brazos se han marcado las venas, retorcidas y duras como el sarmiento de las viñas que cultivan desde hace tanto que no recuerdan ya cuándo comenzaron a hacer vino, que les sigue saliendo tan brillante, oscuro y sabroso que se pasan los días bebiendo cereza.

Los tres hermanos varones quedaron solteros; las mozas en sus vidas no consiguieron quitarles del trabajo de la tierra que siguen haciendo dispuestos y alegres, como en una vendimia eterna que no culmina.

[…]

Ayer, cuando el sol agostaba la huerta, llevaron a hombros hasta el cementerio a su hermano muerto. Lo acompañaron tranquilos, cansados de tanta vida; tristes por el mayor que se ha ido y les ha dejado tan solos.

Esteban y Braulio están ahora en la bodega de la casa, dóciles ante la cámara, como se pasaron la vida entera, e indecisos, porque hoy no saben de qué vino tomar.


©  Manuel López Rey

Comentarios

  1. Recomendación: antes de leer el texto, pulsar sobre la fotografía; observarla detenidamente; luego pulsar atrás en la barra de navegación; ahora leer la historia.
    Se aceptan y agradecen todos los comentarios.

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  2. Yolanda Ríos23/12/12 9:11

    Veo a Esteban y a Braulio en la fotografía; también los veo en el texto, triste y precioso. Ambas cosas, fotografía y crónica, me encantan. Tú, Manuel, como siempre, dominando plenamente tu personalísimo modo de contar. Extraordinario. Enhorabuena.

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    1. Muchas gracias. Me alegra que te guste. Saludos.

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  3. Parece mentira que estos dos seres en la trayectoria de sus vidas, hayan presenciado la partida de sus seres queridos, años de trabajar juntos, la monotonía de una vida, que no les dió la oportunidad de conocer otra mejor, pero ellos eran felices.
    pero ahora lo seguirán siendo? sentados, solitarios, triste, no saben que rumbo tomar
    sin su hermano mayor.
    Tendran que cerrar los ojos y continuar con lo que solo saben hacer

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  4. Perdona Manuel por no hablar de tu,texto, pero como estoy acostumbrada a leer temas, dignos de un excelente escritor, intuí que éste no sería menos interesante.
    Veas lo que veas darás la pauta justa de lo que te pide la foto y el fotógrafo

    cariñosamente Ángela

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    1. Dices que no hablas del texto, pero en tus palabras está condensado todo lo que en el texto he tratado de transmitir. Efectivamente la clave está en ese: "no saben qué rumbo tomar". Gracias por comentar.

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    2. Manuel, es una lástima que no te conozca personalmente, tal vez nunca sucederá, pero te imaginas que largas charlas podríamos llevar a cabo, sobre literatura, y cuanto aprendería de tí y de tu educación y cultura
      ÁNGELA

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  5. Curtido tu texto, como curtida es la imagen que ofrecen Esteban y Braulio. La sangre de Eugenio se desliza entre tus palabras dejándonos la mirada dócil e indecisa. Has retratado perfectamente esa presencia invisible de la muerte cuya permanencia en la propia vida nos obliga a asumirla con la naturalidad con que la uva muere en vino.

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    1. Gracias, Oscar. Tus comentarios son de una calidad extraordinaria y siempre "suman"; algo que solo hacen los hombres sensibles, los inteligentes, y las buenas personas. Es un honor contar con tus "pinceladas" en este blog. Saludos.

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  6. Hola Manuel,

    Este relato deja ver la naturalidad de la vida de campo, aquella que a veces es difícil de concebir por lo lejana; pero tan humana como nosotros mismos. La sencillez es un valor que hemos perdido como seres de ciudad, condicionados por el ego. Es agradable encontrar las semejanzas de estos dos personajes, no sólo entre ellos, sino con la esencia que aún está en nuestro interior al asumir la muerte como parte de la vida. Un abrazo amigo.

    Rafael Baralt Lovera

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    1. Gracias, Rafael. Así es, estos personajes son el prototipo del hombre de campo que se ha pasado la vida tan cercano a la naturaleza que nos "hablan" de lo esencial y nos recuerdan lo primigenio: el hombre siempre nace y muere solo. Saludos.

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  7. Como ya he dicho en Fb, es increíble como esta foto y esta crónica resumen lo que todos hemos visto en los abueletes de los pueblos. Enhorabuena, es un placer leer el libro

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    1. Muchas gracias, Iovana, por seguir este blog, por leer y comentar.
      Saludos.

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  8. Yo voy a menudo al pueblo de mis abuelos. En esta foto y en este cuento está todo. Enhorabuena

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    1. Gracias, Caromi. De eso se trata siempre la creación artística, que partiendo de lo particular (esta foto, esta crónica) se alcance lo general, y a ser posible, lo universal. Me alegra por tanto saber que consideras que en este caso hemos conseguido con la particularidad que suponen foto y texto, alcanzar un sentido más amplio. Saludos.

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  9. Me encanta leer este blog desayunando; es un bello libro. Seguir así.

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    1. Gracias, Nuria. Y a nosotros nos gusta "acompañar" tus desayunos.
      Saludos.

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  10. YA LO HAN DICHO TODOS, PERO ES BUENA VERDAD QUE ESTA FOTO Y LA CRÓNICA NOS RECUERDAN A TODOS NUESTRAS VISITAS AL PUEBLO, DONDE CONTINÚAN VIVIENDO ESTE MISMO TIPO DE VIDA MUCHAS PERSONAS. IMPRESIONANTE LA HUMANIDAD Y EL CARIÑO QUE DESPRENDE LA HISTORIS

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    1. Gracias, Luis. Traté que el respeto y el cariño que me produjeron estos personajes inundara la historia. Tú comentario afirma que lo conseguí. Muchas gracias por tu lectura.

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  11. Las personas sencillas suelen enfrentar las cosas de la vida cómo se me antojan tus relatos,sin grandes florituras pero correctos y certeros...rociados de esa fragancia poética qué a algunos tanto nos llega.Me gusta ese gran atino, beber cereza por vino.
    Una vez más, con el excelente manejo de la luz y la sombra, consigue Alfaro capturar la esencia pura de lo rural.Enhorabuena,

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    1. Muchísimas gracias por tu lectura y este comentario. Me agrada comprobar que hay lectores que captan los detalles, tanto para valorarlos positiva como negativamente. Si conoces otros textos míos, comprobarás que en ellos siempre hay un "hueco" para el lado poético dentro de la narración; aquí, como bien dices, la palabra "cereza" es metáfora de "vino" y la he utilizado como resultado de lo siguiente: 1.- Como se dice en los datos para la crónica, estos personajes "hacen vino"; 2.- También se dice que en su pueblo el clima y la situación son propicios para el cultivo del cerezo; 3.- La foto se realiza en la bodega de su casa, donde almacenan el vino que hacen y a donde acuden a diario para elegir el vino que han de tomar; 4.- Se deduce que beben bastante vino, al menos lo beben a diario; 5.- El color del vino y el de la cereza pueden ser muy próximos; 6.- No quería escribir "se pasan la vida bebiendo vino", porque podría dar pié a que se entendiera de una manera que no es la que, como autor, quería transmitir. Si juntas todo esto en la "coctelera" que supone la cabeza del escritor, entenderás perfectamente el porqué de la metáfora. (Si he dado todas estas explicaciones es porque me gusta y me interesa hablar de literatura; y más si cabe con quien ha demostrado ser un buen lector).
      Saludos.

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  12. Los rostros en la foto dicen lo que dice el texto: "Y ahora: ¿qué hacemos?". Brillante, Manuel. Nostálgico y disfrutable. Un abrazo.

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    1. Muchas gracias, Hugo. Como ya han dicho otros y yo mismo en estos comentarios, efectivamente esa es la pregunta: ¿y ahora qué?; o como dice más arriba Norma Ángela Michelli, "no saben qué rumbo tomar". De ahí el final del cuento, donde se deja claro que hoy, el día siguiente al entierro del hermano mayor; y ahora, en la misma bodega de toda su visa, aparece la duda, la incertidumbre; ese "y ahora ¿qué hacemos?" del que tú hablas.
      No sabes lo que agradezco que un escritor como tú preste tanta atención a mi trabajo. Otra vez más, muchísimas gracias.
      Saludos.

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  13. Me ha encantado. Creo que diste con las palabras exactas. Un saludo.

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  14. Gracias, Ciso. Eres muy benevolente conmigo. Escribir es eso, tratar de dar con las palabras exactas y escribirlas en el orden adecuado. Y yo lo intento. Saludos.

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  15. Gracias, Manuel, por mostrarnos con tan absoluto acierto las vidas de Esteban y Braulio. Dos vidas magníficamente condensadas en apenas catorce líneas. Como los catorce versos de un soneto inspirado en horas lentas; expresado con la recia austeridad que el tema exige y la imagen requiere. Extraordinaria imagen que J. Manuel Alfaro capta sin ambages, sin metáforas, desnuda. Tan desnuda, que una indecisa fragilidad aflora irreconocible y por instantes, a los ojos de quien observa, pero tan real y cierta, como ciertos son los personajes que la integran. Personajes vivos, de pie sobre sí mismos, sobre su propio peso de paz en las caderas, mirando y contemplando, quién sabe qué ni adónde, antes de quedar confundido en su propio paisaje; profundo y mimético paisaje, ingenuo, donde la quietud, como la vid de sus caldos color cereza, sigue habitando arracimada al silencio dictado por la mano temporal.
    Manuel López Rey y José Manuel Alfaro: dos incansables viajeros que nos llevan de la mano a través de "la historia que no se ve", pero que nos atrapan y conmueven hasta lo indecible. Esta vez mostrándonos como en un libro antiguo, la esencia misma de la vida.
    Mi más sincera enhorabuena a los dos.
    Un abrazo.

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    1. Y mi más sincero agradecimiento para ti, Lorni, por estar aquí, por observar y leer con tanta atención, con tanta sensibilidad. Tus comentarios ya son razón suficiente para continuar escribiendo con cuidado, rebuscando entre palabras y emociones; procurando encontrar el tono más adecuado para poder expresar con la mayor exactitud la mayor de las verdades, la mejor de las historias; aunque solo fuera para entregártelas a ti.
      Un abrazo.

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    2. Y aquí estaré, aunque solo sea para que nunca dejes de seducirnos con tu palabra, hecha siempre de carne y vida.
      Un abrazo.

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  16. Buena fotografía en sí misma, pero que toma otros matices después de tan entrañable historia, toda una vida en pocas palabras. De nuevo agradezco tus explicaciones literarias.
    Un saludo

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  17. Gracias a ti, por seguir leyendo este libro. Estoy de acuerdo, la foto es buenísima. Saludos.

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  18. Vitaliano Perez Arnaiz5/3/14 19:52

    Esta fotografía es muy buena. Tu comentario también. Describes muy bien cómo es la gente de mi tierra. Mi pueblo está a unos 40 kilómetros de Covarrubias, un sitio que recomiendo visitar.

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    1. Me encantaría visitarlo contigo. Me alegra saber que he acertado, ya que yo no conozco esa zona ni a sus gentes. Trabajo a partir de lo que la foto me da; y no se acierta siempre. Saludos y gracias por comentar.

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